La humanidad política

El 5 de noviembre del 2018 una noticia me sacudió. Héctor Ferrer había muerto. Político puertorriqueño, fue representante por acumulación, candidato a Comisionado Residente en las elecciones del 2016, presidente del Partido Popular Democrático y posible candidato a gobernador. Tuvo cáncer, lo venció y había vuelto de nuevo. Se desbordaron las redes de mensajes de “shock”. Lejos de la pena colectiva de los que lo conocieron, incluyéndome, había una sensación de miedo, miedo porque tenía 52 años y era joven. Entonces, me quedé pensando ¿ahora entienden que es humano?

Fui candidata en el 2016 y tengo que decir que mi experiencia en ese momento y hasta ahora es que hay muchos que se les olvida la humanidad de los candidatos. Me encanta fiscalizar a quienes no hagan su trabajo, vengan de donde vengan, porque si fueron electos o electas, vienen a trabajar por el pueblo y no por ellos/as mismos. Sin embargo, una cosa es estar pendiente a su trabajo y otra es olvidar su humanidad. Hemos visto que la ansiedad mata todo los días. Ataques del corazón repentinas, falta de sueño, taquicardias, en fin, una serie de síntomas por el llamado estrés. Ahora ¿tienen idea del estrés que tienen quienes se meten en la política?

En el caso de Ferrer, tuvo una primaria y en medio de la primaria tuvo su primera batalla contra el cáncer, que ganó. Escuché de la gente palabras de aliento como palabras hirientes. Luego es el candidato, sacando más votos aún que el candidato a gobernación en su contienda para Washington D. C. no llegó. Aspira a presidir el partido y hay una guerra ideológica en otra primaria. Gana la presidencia y hereda un partido en déficit por la pasada campaña y que lucha contra una grave ola acusatoria y pensante que cuestiona su pertinencia a los 80 años y se suma a la ola anti partidista del mundo. Viene el huracán María y se destruye la sede del partido. A todo esto, comienza a reorganizar el partido y coordina una Asamblea para ractificar la presidencia del partido y con eso una posible candidatura a la gobernación. Tiene una recaída, hace unas semanas no puede someter la candidatura, nos enteramos de su muerte.

Los políticos son gente, somos humanos. Yo estoy conciliando la idea de que soy un ser político, simplemente no soy una política electa. Dentro de la apatía general a la misma por el mal desempeño que le ha dado mala fama al asunto, hay también unos seguidores “raja tabla”, los del “corazón del rollo”, los fieles y hasta fans que dicen ser de un bando y lo defienden hasta morir. En ese proceso, el problema es que la gente por mucho tiempo delegó su poder en sus candidatos. Delegaron el asunto a que otro los representara, les resolviera y se olvidaron de su propia voz y con eso, de sus manos. ¿Qué efectos tiene en la psiquis de un candidato o candidata las elecciones?

Les hablaré de mi experiencia. Me operaron de corazón abierto por tercera vez en junio 30 del 2015, motivada por esto, radiqué mi candidatura en octubre. A los pocos meses explotó una crisis que se llevaba arrastrando por meses y tuve una ruptura. Llegar a la casa se volvía pesado. Me llené de alegría gracias a la gente. Aunque me enfrentaba con desgaste y pena, había felicidad al verme, “la muchacha joven”, “la nueva”. Si la gente supiera cuánta fuerza tiene. Las mejores ideas vinieron de ellos. Los abrazos en campaña, las manos extendidas, las palabras de aliento de la gente, las palabras duras que señalaban la pena de los que les fallaron anteriormente. Todo eso era gasolina. El equipo que tuve al principio que se fue transformando con el tiempo. Cada uno tan valioso y valiosa, compromiso, diversidad, esmero. Cada cual con un talento excepcional. Caminé enero a noviembre sin parar por las calles de Aguas Buenas, Guaynabo y San Juan. No caminé lo suficiente, hubiese querido ir a cada rinconsito, cada casa. Con todo y eso, todas las caminatas y las personas que visité me daban fuerzas. Trabajaba mi jornada 8:00am-5:00pm y de vez en cuando hasta las 10:00pm y luego salía a caminar. Me designaron legisladora municipal y también participé de las sesiones con la idea de ayudar a mi gente de San Juan desde antes. Una a una se fueron acumulando las responsabilidades y no había espacio para reparar el corazón herido. Tenía tanto amor acumulado que hice de la gente mi familia.

A finales de julio, a tres meses de las elecciones, el sueño se fue. La ansiedad de cumplir con la meta crecía. Ada se volvió una máquina. Trabajaba 16 horas al día o hasta 18. Empezó el miedo a surgir porque invadieron los medios con noticias negativas del gobierno en turno (del partido al que pertenecía). El mensaje de la campaña del partido estaba disperso mientras que el contrincante decía que tenía un plan. Sus palabras fueron, plan-ruta, ruta-plan. La gente comenzó a creerse el cuento que con una Junta de Supervisión Fiscal no había que votar, que todos eran malos, que los partidos eran lo mismo (y surgieron dos independientes con muchos votos) y allí en medio del caos, la lucha. De más está decir que hubo otras ansiedades, personas “de los míos” peleando por títulos dentro de la campaña, políticos electos haciendo llamadas en tono de instrucciones porque “era joven y para que aprendiera como se hace”, la falta de dinero, aquellos sexistas en el camino, candidatos y electores, que hablaban de la cara, la figura, la ropa y el pelo más que de la plataforma.

En los últimos días, donde tomé cuatro semanas de vacaciones para hacer campaña incluía: levantare a las 6:00am hacer planes, visitar gente (reuniones), comprar comida para el equipo, caminar hasta las 9:00pm, irme de 10:00pm hasta las 1:00am a pasquinar y poner propaganda en los postes. Tenía mayor problema con uno de mis contrincantes, había sido responsable y cómplice del despido de más de 30,000 empleados públicos. Para mí era algo inaceptable y mucho menos ilógico que causando tanto llanto, la gente se volcara a votar por esa opción.

El 8 de noviembre del 2016 no había nada más que hacer que votar. En la fila me reconocieron varios, otros me llegaron a decir que iban a votar popular pero no sabían quiénes eran los candidatos (y yo ahí, de frente a ellos, o sea no me conocían). Luego, descubrimos muchos se quedaron en sus casas. No fui electa y de camino a buscar comida, tuve un choque aparatoso por alguien que se comió un pare. La pregunta es ¿soy débil porque siento? PARA NADA. Soy humana. Hacen falta líderes que reconozcan sus caidas como sus victorias. No podemos hacer de los políticos, dioses, usted genera en ese caso dioses falsos, no nos volvemos inmunes a sentir. Qué bueno sería escuchar más de lo que sentimos. Si la política es la acción y el arte del quehacer del bien común, es hora que honremos nuestros sentimientos y dificultades también. Quizás cambiaría el mundo y la forma de hacer política si reinara la honestidad.

Agradezco a Dios el proceso, las cosas que uno llega a pensar es lo mismo cuando alguien deja a uno sin aviso: ¿pero qué hice mal? Meses de desempleo añadieron al estrés, la mente corría pensando todo lo que hubiera hecho diferente. Luego sabes que hiciste todo lo que pudiste y empiezas a hacer la lista de lo que hiciste bien y lo que hiciste mal, hasta que sobrevives. Ni hablar de todos los que desaparecieron luego de los resultados. El día del choque, puse el contador para las próximas elecciones. También en Estados Unidos nos llevamos una sorpresa, a pesar de los comentarios con ira y desprecio, había ganado. Hay hasta estudios que han realizado de los niveles de ansiedad que han aparecido a consecuencia de las elecciones. La pregunta es ¿te pones en los zapatos de quien aspira?

El comentario más hiriente que tuve en la campaña, aunque bien intensionado, fue “vas a ser senadora, así sea después”. Necesitaba aliento en ese momento. No necesitaba mentiras tampoco, tapar el cielo con la mano, pero hay gente que ve tu vida política sin humanidad. “Corre”, “tírate”, “hazlo de nuevo”. Eso le decían a Héctor. Estaban esperando a que se recuperara, no para ir a abrazar a sus hijos y compartir en familia, sino para que se puiera nuevamente en la raya y luchara por ellos. Los políticos, que van más allá de los puestos, son humanos. Por eso mismo erran. Tenemos que tener una conversación de consciencia, para aquellos que por amor o por cobardía, quieren que nos tiremos a la lucha POR ellos y no CON ellos; y aquellos que están en ese proceso, necesitamos generar catársis, soltar las experiencias colectivamente para sanarlas y poder estar bien también cuando cerramos la puerta de la oficina, así sea pública.

Te invito a que pienses en la fiscalización del trabajo del político o la política y comprensión, ante los sacrificios personales y emociones que tienen quienes se hacen disponibles. Eduquemos y erradiquemos la falsa idea que somos marionetas.

Descansa en paz Héctor Ferrer.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: